Running: Experiencia de Liderazgo y Comunicación
Hace unas semanas atrás me reencontré con quien fuera durante casi dos años mi entrenadora de carrera de pie, más conocido como “running”. Debo reconocer que me inscribí para hacer una prueba y me quedé enganchada por la disciplina, el grupo y su fantástica entrenadora – Neus Gilbert. También reconozco que estoy convenciendo a mi voluntad que lo retome……ese es tema para otro artículo. Según Alex Housley: “La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”. Esta vivencia me invitó a reflexionar sobre el impacto que tienen los entrenadores o haciendo un símil de empresa, los líderes de equipos, en la vida de cada integrante.
Desde su experiencia en el ámbito de la salud deportiva, Neus me comparte que la contribución de un entrenador/a de grupo no solo es valiosa por la transmisión del conocimiento y la técnica sino principalmente por la relación que se establece con las personas, que ayuda de forma física y psicológica para que se alcancen los objetivos sin frustraciones. Además de ello, como en todas las actividades, el propósito y las motivaciones personales del entrenador influyen en sus actitudes y comportamientos durante la realización de las diferentes actividades. En el caso de Neus, le genera satisfacción y alegría transmitir sus conocimientos y ayudar a las personas en sus objetivos a través de esta disciplina; combina vocación, servicio y proyecto profesional, ¡se la pasa muy bien!
El running permite a las personas estar en movimiento, desplazarse, ejercitarse y, pueden convertirlo en una disciplina de vida, lo cual ella fomenta durante las clases. Sin embargo, no basta compartir ese conocimiento con alegría, también hay otros aspectos, como el liderazgo y motivación, importantes para alcanzar la meta. Todos los grupos tienen altibajos en su desempeño y sobre todo en su compromiso con los resultados, por ello es indispensable inspirar confianza y mantener altos los niveles de moral y entusiasmo, especialmente cuando no se alcanzan los resultados esperados. Dado que el trabajo no siempre cubre las expectativas individuales, podría pensarse que para un responsable de equipo en una empresa es más difícil lograr la motivación del equipo, pero sucede lo mismo con un grupo deportivo, eso lo sabe muy bien Neus. Cada deportista tiene diferentes expectativas cuando se inscribe en el grupo, algunos lo hacen para mejorar su condición física, además de marcarse un objetivo de superación en el ámbito deportivo y también están los que, por recomendación de sus médicos, se obligan para poder mantener un estilo de vida más saludable. Finalmente, algunos lo convierten en disciplina cuando el grado de constancia es más alto y lo mantienen en el número uno de la lista de cosas a realizar en su vida. Entonces, ¿cómo alinear las diferentes expectativas en un mismo grupo? Pues, ese es el verdadero aporte del liderazgo, lograr el objetivo dirigiendo al grupo y gestionando los recursos con los que se cuenta. Por todo ello, es importante para entrenadores y líderes de equipo desarrollar habilidades de comunicación que permitan armonizar al equipo en una colaboración efectiva y mutuo entendimiento entre los integrantes. No se puede perder de vista que cada integrante tiene diferentes expectativas, intereses, habilidades y entre esas diferencias se debe encontrar el punto en común que permita alcanzar los resultados esperados con los recursos asignados. Ese es el mayor reto del liderazgo.
Neus comenta que siempre el aporte del grupo es hacia “la mejora, crecimiento y desarrollo” pues nos enfrenta a nuestras creencias y a nuestras fortalezas, a nuestra unicidad y particularidad. En el caso del deporte, hablamos de características físicas y fisiológicas y, en las organizaciones, de conocimientos, habilidades y experiencias que marcarán el destino de cada individuo hacia su objetivo particular. Cuando entrenamos en grupo nos sentimos más comprendidos, acompañados y reconocidos como tales. Eso mismo sucede en las organizaciones, en la medida que somos conscientes de nuestra verdadera contribución y miramos a nuestros colegas desde la complementariedad, pues nos permite ampliar la mirada hacia afuera y profundizar hacia adentro. Todo ello es posible si definimos objetivos claros y específicos para guiar nuestros esfuerzos y medir el progreso. Encontramos aquí otro gran reto del líder de equipo, el identificar y fomentar las habilidades individuales y colectivas, proporcionando oportunidades para el desarrollo y el crecimiento personal, así como el profesional y ello va de la mano con la necesidad realizar evaluaciones regulares de rendimiento que permitan identificar áreas de mejora, celebrar los logros y ajustar estrategias. En este punto, Neus nuevamente resalta la importancia de la comunicación efectiva, el saber escuchar con empatía para entender las necesidades de cada integrante, que en muchas ocasiones no es una cuestión física sino psicológica y en otras es la parte más técnica, para lo cual como entrenador se debe comunicar con asertividad para generar confianza en el proceso y reconocimiento de los puntos débiles para reforzarlos con ejercicios. Lo mismo en las organizaciones, el bajo rendimiento muchas veces no va de conocimientos ni habilidades sino de creencias y, en otras, de falta de habilidades técnicas que al ser identificadas y aceptadas podrán desarrollarse.
Neus invita a las personas en general a la introspección para saber quiénes somos y hasta donde queremos llegar -desde donde participemos- para asumir retos, roles y responsabilidades con nuestros grupos y, sobre todo con nosotros mismos, para así gestionar mejor nuestras emociones y evitar frustraciones durante las dificultades que nos brinda el camino que hemos elegido recorrer.